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Semen y Sangre.-   Completo Semen y Sangre.- Completo (0.364 s)

Semen y Sangre.- Completo

FECHA El 11/12/07 a las 05:12:36 IP GUARDADA
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El 28/09/07 a las 12:09:29
Semen y Sangre.-   Completo Semen y Sangre.- Completo

Resumen:  Cuando se ama demaciado como para que el perdón sea imposible, sólo  queda el castigo.

Pareja principal:  Shion y Dohko
Parejas secundarias: Shion y Mu

Tipo: Angst, Romance, Drama
Clasificación:  NC-17
Advertencias: Lime, rape

Estado: Terminado.    10 capítulos y epílogo
Ultima Actualización: 06.03.08

Titulo: Semen y Sangre
Autor: Sundarí Radhe

 

Personajes.
Principales:  Shion y Dohko
Secundarios: Mu
Incidentales: el resto

Comentarios adicionales:  Narración en tercera persona.



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RESPUESTAS AL MENSAJE - Respuesta/-s
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FECHA El 11/12/07 a las 06:12:32 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 28/09/07 a las 12:09:29

I.-     Al Despertar I.- Al Despertar

SEMEN Y SANGRE

Capitulo uno.

Al Despertar.

Sintió su pecho subir de manera acelerada. Sus ojos se abrieron cegándose ante el resplandor de su propio cuerpo. Sus brazos se agitaron en todas direcciones mientras un grito se atoraba en su garganta.  En medio de la profunda confusión, sintió su corazón latir de nuevo.  Todo en un momento, todo tan de golpe...

Se quedó quieto.

Al principio no pudo entender, cómo era que el aire entraba y salía de su pecho.  O por qué todo sobre él parecía dar vueltas incontables en una maraña de colores que apenas reconocía.

Debía estar muerto. Había muerto en verdad, hacía tanto tiempo que no podía recordarlo. Los pedazos de su alma habían descansando junto a los de sus compañeros, encerrados en una  falsa prisión de piedra, donde el olvido había acabado con ellos.

Pero ahora volvía. Pudo reconocer esa sensación molesta de la sangre corriendo por su cuerpo.

Estaba vivo.

Por fin pudo hacer uso de su auto control y su razón; tomó asiento en la fría roca en que había estado recostado, recordó lo que era el frío y el pudor, cuando descubrió su cuerpo desnudo ante la mirada cómplice y la sonrisa de una muchacha joven de cabellos violetas, a la que reconoció como su Diosa.

Miró a su alrededor, aún con la vista dando vueltas. Sin reconocer nada. Alguien le puso una manta sobre los hombros para cubrir su desnudez. Lo miró y descubrió a su compañero de la segunda casa. Miró a los otros, los custodios de Aries a Virgo ya estaban ahí. Todos con la misma mirada. Confundidos, sacudidos. Vivos.  Desaparecieron y volvieron a la vida.  El cuerpo de Dohko tembló un momento, pero pronto recordó su propio nombre, su cargo, y todo lo que algún día había sido. Se levantó del altar de piedra, incapaz de articular una oración cuerda, se inclinó ante su diosa y tomó su lugar en correspondencia con sus compañeros.

Athena le sonrió un momento, antes de girarse de nuevo al altar y continuar con su tarea.

Con los ojos aun brillosos Dohko la vio incrementar su cosmos y llamar a la energía disipada de su siguiente caballero. Sobre el altar de piedra, lentamente el cuerpo de Milo fue formándose sobre la fría plataforma, parecía muerto. Una luz surgió desde su cuerpo y  lo hizo arquear la espalda y  moverse desesperadamente antes de incorporarse de golpe y mirar a todos.

Dohko desvió la mirada, así había despertado él. Ella los había traído de la nada para devolverles la vida. Los había traído desde el descanso eterno a una realidad incierta.

Y así fue con cada uno de ellos, miró el despertar de muchos, hasta el custodio de la última casa, Afrodita. Trece caballeros habían despertado de la misma forma, primero se movían desesperados y luego sólo parecían recordar, reconocer, miraban a los otros, hasta encontrar la mirada que buscaban y entonces se calmaban, se inclinaban ante la diosa y tomaban su lugar, descansando sobre el piso, al lado de sus camaradas cubiertos con una precaria manta, que sólo aumentaba su incomodidad de saberse vivos y desnudos.

La mirada de Afrodita fue más descarada cuando recobró el control. De inmediato se posó sobre uno de sus compañeros y no se despegó de él ni cuando hizo la reverencia ante la diosa. Su sonrisa se dejó entrever entre sus pálidos labios. Fue el único que sonrió.

 Y luego fue el turno del Patriarca.  Todos estaban ansiosos. Querían que reviviera de una vez para poder retirarse a descansar y abandonar esa pose agradecida que habían mantenido desde hace horas.

Una vez más Athena comenzó a orar, su cosmo fluía tranquilamente por la habitación, buscando los restos de la energía de Shion. Buscando encontrarlo en la inmensidad en la que se había desvanecido.

Su cuerpo blanquecino comenzó a concretarse sobre el altar, y luego se desvaneció.

Los caballeros se miraron unos a otros, buscando una respuesta a la desaparición del patriarca, Dohko mantuvo la mirada fija sobre la piedra, esperando, calculando.

El cosmo de Athena subió erráticamente, la energía de Shion seguía huyendo; no se dejaba encontrar, iba hasta los confines de la tierra tratando de esconderse, partiéndose en trozos tan pequeños que la diosa los perdiera. Sin embargo un hombre, incluso un lemuriano, no puede negarse al deseo de un Dios.

Dejó de  resistirse.

Su cuerpo tomó su debida forma encima de la piedra. No se sacudió. Sencillamente su pecho  comenzó a subir y bajar en un ritmo acompasado. Se  incorporó del todo sin ningún pudor, su cuerpo desnudo brillando ante la luz proveniente del cuerpo de la diosa.

Su mirada se concentró sólo en ella.  Su mente procesó rápidamente toda la información, entendió en sólo un momento. La mente del lemuriano siempre gobernaba sobre  su cuerpo. Su raciocinio dominaba su instinto sus hábitos y sus temores de manera casi automática.

Su discípulo se acercó a él, invistiéndolo con la magna túnica reflejante de su cargo.  Shion hizo una muy pequeña reverencia ante su diosa  y una vez que todos sus caballeros estuvieron hincados ante él tomó la mano de Saori y se permitió el descaro de besarla.

- Gracias, señorita.

Murmuró en voz baja, pero clara.

Se veía en perfecto estado como si hubiera despertado de un sueño y no de la muerte. Todos los demás veían a la diosa contrariados, afectados, incluso  furiosos. Dohko apretaba sus puños por debajo de la manta que cubría su cuerpo, controlándose para no saltar sobre ella y deshacerse de  toda la confusión que sentía.

Athena sonrío y con la soberbia propia de su cargo se retiró a sus habitaciones privadas. Justo por detrás del altar.

Shion sonrió a medias y sólo entonces se dignó a pasar la mirada por sobre sus caballeros, sin mostrar el menor cambio hasta que se topó con el último, con su discípulo. Lo llamó en silencio y en cuanto se puso de pie lo atrajo hacia él para besarlo.

Lo hizo frente a todos, sin explicación alguna. Nadie se atrevía a indagar nada, aunque sentían curiosidad, de cómo el patriarca había encontrado la manera de seducir a su discípulo sin que nadie se diera cuenta.

- Vayan y descansen. Una nueva vida está comenzando para todos.

Su tono era ameno,  ocultando con destreza la furia y el rechazo que se habían prendado de su pecho en cuanto volvió a respirar. Odiaba estar vivo, igual que casi todos los otros.

Habían sido héroes, habían vivido y muerto en pos de un ideal que habían cumplido, habían muerto a conformidad en medio de la gloria.  Y ahora los regresaban a este mundo de miserias, sin su consentimiento, y restándole todo valor a sus hazañas, a su sangre y a su vida. Por que entregar algo no tiene valor si vuelve a recuperarse.

Dohko se sentía de igual manera, casi siempre ellos dos se sentían igual, o tomaban las mismas decisiones. Eran muy parecidos, en lo único que Shion distinto a Dohko era en que sabía fingir. Tantos años de diplomacia lo hacían un perfecto actor, interpretaba cualquier papel con una facilidad admirable; y ahora fingía regocijarse en su nueva vida y en poder ver a sus caballeros de nuevo.

La mayoría se apoyó en otros, en compañeros, en amigos, en las únicas personas que conocían. Trataban de convencerse unos a otros que todo estaría bien. Aunque nadie estaba seguro. El desconcierto los dominaba a todos. No esperaban volver, no se supone que lo hicieran.

Shion tomó el hombro de su discípulo y lo guió hacia arriba a sus aposentos, nadie preguntó. Sabían a la perfección para qué lo quería ahí.  Se retiraron también.

Necesitaban pensar y decidir. Necesitaban encontrarle un nuevo sentido a sus vidas. Un nuevo propósito a una existencia que era un peso más que un regalo. Y no encontraron ninguno. La mayoría se dedicó sentir esa noche, cansados de pensar echaron mano a lo que estaba a su alcance, buscando llenar el vacío que inundaba sus cuerpos. Buscaban sensaciones que les hicieran entrar en la verdad de que estaban genuinamente vivos. Que el dolor y la necesidad de alimento los controlaban, que su descanso había sido interrumpido, sin preguntas y sin explicación alguna.

Sólo uno se quedó ahí. Sobre el piso que lo había visto entrar a la vida. El caballero de libra.

No había perdido de vista la actitud de su amigo y señor. Y estaba furioso. Era bueno encontrando el equilibrio entre el bien y el mal cuando podía mirarlos de lejos. Pero ahora estaba sumergido hasta el fondo en la furia y los celos que le causaba la idea  de saber al hombre que amaba retozando con un muchacho.

La idea de vivir le aterraba. De perder el honor con el que había vivido, porque ahora no tenía a que servir, Athena estaba a salvo y se bastaba por si misma para cuidarse. Y proteger el santuario! Para que! Si no era más que un montón de rocas que tardaría demasiado en derrumbarse sobre ellos. Y él... Shion se la pasaría en constantes devaneos con Mu, o con cualquier otro.

Su cuerpo se llenó de rabia ante la traición y el desprecio. Y todo lo que invadía su ser se enfocó hacia una sola persona. Hacía su líder de verdes cabellos y condescendientes maneras que lo había visto hacia abajo, si apenas se dignó a verlo.

Lo odiaba, por no estar con él, lo odiaba con todas las fuerzas de su cuerpo. Y mientras que todo el resto se preguntaba qué harían con una vida que se les parecía como demasiado larga él tenía ya una idea. Sólo  una, clavada en su mente.

Condena.

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Pues este primer capítulo quedó algo raro. Dudas sugerencias, críticas y demás son recibidos libremente.



FECHA El 11/12/07 a las 08:12:53 IP GUARDADA Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online sheyryd
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El 10/08/07 a las 10:08:44

Mugroso Shion, ¿cómo le hace eso a mi Dohkito?, digo debió de dediacrle aunqeu fuera una mirada o sonrisa, pero no, lo ignoró olímpicamente, sólo espero que el chinito se las haga pagar todas juntas.
FECHA El 11/12/07 a las 08:12:27 IP GUARDADA Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online estely_shion
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El 07/08/07 a las 03:08:05

*¬* ta muy bonito, me encanto!! *O*

nunca habia pensado de esa manera (ahora que lo recurerdo...) de que volvieran a la vida, seria un desperdicio...mm....

pero esta fantastico, pensaste todo tan...tan bakanoso!! xD

y solo un detalle...el titulo...O.O (y espero no traumarme cuando...ya saben 6///6)

bueno, eso y te quedo presioso!!! besos (y rock!! xD YEAH!!)

 

**ale**


FECHA El 18/12/07 a las 12:12:06 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 28/09/07 a las 12:09:29

Gracias por leer Gracias por leer

Sheryryd: O sí, creeme que el chinito le hará pagar todo! pero a él tampoco le saldrá barato saciar su sed de venganza.

 

Estely_shion:  Que lindo que te haya gustado. jaja, lo bakanoso biene para después. Bueno, espero mesurar el lemon un poco, pero no prometo nada :p

 

Besos!!



FECHA El 18/12/07 a las 12:12:23 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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El 28/09/07 a las 12:09:29

Capítulo II

Capítulo II.- Buenos recuerdos

Antigua guerra santa.

Sus manos tocaron el suelo poco después que sus rodillas. Cayó sobre la árida tierra, cayó sobre el fango y la sangre.

Su cuerpo se resistía a seguir sosteniendo el peso de su armadura, pero su puño derecho se negaba a soltar la larga espada, sentía que era lo único a lo que podía aferrarse, su único sostén; que irónicamente, le hacía más ardua la tarea de levantarse.

Su frente perlada de sudor y su corazón palpitando desbocado evidenciaban el gran esfuerzo que había echo ese día. Todo lo que le había costado lograr llegar a ese momento. Su cuerpo tembló ante el frío de la noche que le iba cayendo encima.

Tiritó un poco, su cuerpo estaba húmedo, empapado en sangre. Suya, de sus enemigos... y de sus amigos y compañeros. De aquellos a quienes había matado y de las personas queridas que había sostenido en los últimos momentos.

Cerró los ojos con fuerza. No quería mirar. Se negó a apreciar la completa desolación que se extendía por esa tierra regada de sangre y muerte. No quería mirar, ni aceptar.

Había terminado, la guerra había llegado a su fin. Pero Shion no quería dejarla ir. No quería enfrentar ese final. No quería reconocer todo lo que se había perdido en esa batalla.

El eco de su respiración era lo único que alcanzaba a escuchar y aún con los ojos cerrados sabía que él único movimiento a su alrededor no era otro que el de sus propios cabellos.

El aire comenzaba a tornarse pesado, un olor penetrante y desagradable parecía colarse en sus pulmones, y en su mente: uno que le llevaría años olvidar.

Quiso levantarse, pero su cuerpo le pareció demasiado pesado, estaba exhausto y la armadura le oprimía el cuerpo contra el piso. La idea de no levantarse cruzó por su mente, sencillamente dejarse hundir en la tierra, la misma donde se habían hundido ya todos los demás.

Comenzaba a desesperanzarse, cuando una mano sobre su hombro lo hizo estremecerse.

-Shion.

La voz que llenó sus oídos se oía cansada, pero era de la persona que había creído perdida, esa persona le hizo abrir los ojos de golpe, y mirarle con rapidez, ignorando el resto del paisaje.

Dohko lo ayudó a levantase. El ariano se apoyó en él, clavando la espada en la tierra para tener un mejor apoyo. Cuando por fin se puso de pie y el moreno lo soltó, extrañó el contacto de sus manos.

Sacó la espada de la tierra nuevamente, mientras sentía las últimas gotas de sangre escurrir lentamente de su cuerpo. Trató de mantener la compostura, pero no pudo dejar de temblar. Se quedaron ahí, parados, durante un largo tiempo, considerando sus opciones.

Shion sintió un vació en el estomago cuando todo el líquido sobre él se seco y se tornó quebradizo. Estaba acostumbrado al dolor, al maltrato y a la vida difícil. Le habían hecho fuerte a punta de entrenamientos forzados y malas noches. Y sin embargo en cada entrenamiento que afrontaba tenía la certeza de que pasaría pronto. De que al terminar el día los contendientes dejarían de medir sus fuerzas y se retirarían a sanar sus heridas, hasta la próxima vez.

Pero esta vez, nada había sido así. Ninguno volvería a levantarse. Shion había sentido el frío del acero muy cerca de su cuello y aún estaba alterado y asustado. Y a pesar de todo estaba vivo. Y al mirar de frente a los cobrizos ojos de su acompañante comprendió que Dohko también estaba vivo y que no estaba sólo.

Ya no le molestó tener los ojos abiertos, porque al menos así podía mirarlo.

Dohko le sonrió un momento, con esa pícara y confiada sonrisa tan característica de él; aunque no duró mucho, estaba cansado, demasiado. Sólo quería brindarle un apoyo a su amigo. Quería que Shion comprendiera que estaba con él. Y que seguiría estándolo, sin importar nada más.

Pero la mirada fija de Shion lo hizo sentir algo nervioso y desvió la vista de su rostro. Su rostro adquirió una triste expresión, entre los cuerpos inertes a sus pies podía reconocer un par de rostros. Su cuerpo tembló a su vez. Mientras apretaba la quijada, obligándose a ser fuerte y resistir. Tenía un nudo en la garganta, todos aquellos a quienes conocía yacían sobre esa tierra. Todos y cada uno de ellos habían sido compañeros, amigos...

Ahora fue la mano de Shion la que tocó el hombro de Dohko, no sonrío, pero en su mirada se reflejaba la alegría de encontrarle, y verle con vida.

Sus miradas volvieron a enredarse y ambos pensaban lo mismo, en silencio agradecían estar con vida y agradecían con mucha mayor fuerza que el otro lo estuviera.

Una fuerte ola de viento rompió sus pensamientos. Tomando sus armas comenzaron a caminar. Aún debían saber cómo estaba ella. Sasha, la mujer por la que habían peleado, aquella Diosa por la que tantos habían muerto.

Ahora que la guerra había llegado a su fin y sus vidas no estaban inmediatamente amenazadas, la adrenalina y el instinto de supervivencia habían abandonado sus cuerpos. Su energía parecía haberse acabado y ya nada los obligaba a seguir luchando , a dar el siguiente paso para llegar a su destino.

Nada, salvo la persona que iba a su lado. Iban sosteniéndose mutuamente, enterrando en parte sus armas en la inmóvil tierra, para permitirse avanzar.

Se miraban uno al otro para evitar mirar los cuerpos a sus pies. Iban bordeándolos, respetando el descanso de amigos y enemigos, guerreros ambos. Se movían tan rápido como les era posible, guiados únicamente por el débil pero aún sensible cosmos de su deidad.

Siguieron el largo trayecto, en cada paso esforzándose por no caer, y por no dejar caer al otro. Eran amigos, lo habían sido desde que tenían memoria, se habían criado juntos. Habían crecido juntos, conocían al otro a profundidad. Ambos pensaban que eran inseparables. En verdad lo creían.

Shion lo miraba de reojo. Lo veía moverse con seguridad y soltura, y sabía que lo hacía para darle seguridad a él, lo admiró en silencio obrando de la misma manera. Pensó que de no ser por él habría deseado morir junto a los otros, en cierta forma, Dohko lo había salvado y en ese momento fue muy claro para él que lo amaba.

Más no dijo nada. No quería hacerlo en medio de la desolación de ese lugar, tan profano y sagrado al mismo tiempo. Estaban en medio de una tragedia, de un duelo fuerte y pesado y no quería que Dohko lo tomara como un gesto de débil dependencia debido a la situación.

-Recuerdas cuando nos conocimos?

Preguntó Shion en un tono neutral para despejar su mente de las imágenes teñidas de rojo en su mente.

-- respondió Dohko rascándose la cabeza en un ademán que pretendía fingir inocencia.

-Creíste que estaba extraviado. Porque no tenía un aspecto digno de un guerrero.

Shion sonrío al decirlo. Pero Dohko seguía fingiendo no recordar esa parte.

-No, no creo que eso haya pasado. No lo soñaste?

Ambos rieron, en voz muy baja, para no profanar aún más el lugar.

-No, me llamaste pueblerino, y preguntaste porque me había quitado las cejas...

-Y pintado esas marcas en la cara.

Dijeron ambos al mismo tiempo. Guardando silencio un rato más.

-Nos entregaron la armadura dorada el mismo día.

Añadió Dohko, eso había sido unos años después de conocerse, hacía relativamente poco tiempo. Pero para él ese echo era muy importante, resaltaba la igualdad en la que siempre habían vivido. Habían tenido las mismas experiencias casi a la misma edad y eso le parecía al caballero de libra que formaba un perfecto equilibrio entre ambos. Haciéndolos los mejores amigos. Sabían lo que el otro había sufrido o gozado, porque ellos mismos lo experimentaron.

Eso hacía que se sintieran comunicados, se sentían parte del otro.

-Te veías muy bien con esa armadura.

-Habló en pasado porque ahora la dorada armadura tenía manchas rojizas por todos lados y Dohko no quería verla así. -Por primera vez tenías cuernos de verdad. Me gustaste desde ese momento.

Shion sonrió al comprender que su afecto era correspondido, pero no quiso declararle su sentir, en ese lugar, era un asunto que debía tratarse con muchísima discreción, estaban en un tiempo bastante hostil ante ese tipo de amor, y ninguno tenía idea de cómo manejar la situación.

Siguieron adelante, sintiéndose menos pesados con el pequeño intercambio de palabras.

El ariano decidió esperar, decidió que dejaría pasar un tiempo antes de develarle la verdad. Necesitaba encontrar las palabras correctas y que la mente de su amigo estuviera libre de tensiones.

Su mentalidad analítica salio a flote, dominando sus deseos de gritárselo con pleno amor y convicción, decidió esperar a que el mal trago pasara y haber dejado atrás temores y remordimientos.

Lo pospuso para después.

Quizá si se lo hubiera dicho....



FECHA El 18/12/07 a las 09:12:56 IP GUARDADA Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online sheyryd
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El 10/08/07 a las 10:08:44

Hola ¿Sabes en que pienso? ahorita que leo pensé en algo similar y quizas Shion buscó en Mu un consuelo y dejar escapar en él el amor que sentía por el chinito y que no podía dedirselo, pero por una parte estuvo mal, ya que hara que Dohko se vengue y que cometa tonterías, que no sólo lastimarán a Shion si no almismo moreno también, y muy probablemente a las personas cercanas a ellos. 
FECHA El 19/12/07 a las 01:12:32 IP GUARDADA Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online estely_shion
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El 07/08/07 a las 03:08:05

que linda la conti...*¬* oie, tu niña, no me deja de imprecionar tu fic, que haces para conseguirlo?? brujeria?? ah?? xD

jaja, es que simplemente me encanta, y no te preocupes por la parte lemon, a veces le da mas emocion a las historias, claro, cuando es bien utilizado y no en exeso...pero en fin, espero la conti non

 

**ale**


FECHA El 22/12/07 a las 04:12:12 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online Sundarí_Radhe
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El 28/09/07 a las 12:09:29

Sheyryd.-  Sí, cada uno tubo razones para actuar como lo hizo, aunque ninguna fue buena realmente. Y ahora que saldan cuentas, no será sólo uno el lastimado.

Estely.- Jaja, no burjería no, sólo un poco de canciones tristes y otras fuentes de inspiración por el estilo. ^^ el proximo cap incluirá un pequeñísimo limme.



FECHA El 22/12/07 a las 04:12:10 IP GUARDADA Enviar Privado Añadir Amigo · Enviar Privado Enviar Privado · Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
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Capítulo III

CAPITULO III .-  Advertencia.- Lime

Encuentros y enfrentamientos.

Casi no se percibía el ruido en la habitación. Mu gemía suavemente, trataba de no hacer demasiado ruido para no molestar a su maestro. Shion envestía contra su cuerpo con calma, manteniendo el control en todo momento, disfrutando pero procurando brindarle placer sin lastimarlo. Después de todo Mu seguía siendo su discípulo, lo había criado y aún debía protegerlo.

Lo mantenía algo agachado, apoyado sobre sus codos, con la cadera levantada para permitirle acariciarlo. Una de sus blancas manos enfrascada fuertemente alrededor de su intimidad y la otra tocando muy suavemente su frente.

Shion era un amante delicado, le gustaba dar placer a sus acompañantes y Mu era particularmente fácil para él, tenía los mismos puntos sensibles y sabía muy bien cómo moverse para hacerlo llegar al límite.

Mu trataba de seguir el ritmo, apenas moviendo un poco la cadera, procurando no contradecirlo. Le guardaba demasiada reverencia; un poco irónico considerando que ahora él tenía un cuerpo mayor y más alto. Pero Mu no perdía el respeto hacia él y poco le molestaba guardarlo cuando sólo su maestro era capaz de hacerlo sentir así.

Todo su cuerpo se tensó por un momento antes de venirse y sentir, a su vez, a Shion terminar en su interior. Aún con la fuerte ola de emociones en todo el cuerpo, se dejó caer sobre las sábanas, separándose de él y buscando algo de descanso.

Shion al verlo moverse con trabajos sonrió de lado, incorporándose y cubriéndose con un delgado manto de seda. Siempre lo dejaba exhausto. Siempre iban hasta el punto en que ya no podía resistir. Sentándose en la cama, se acomodó a su lado y tomó su mano. Nunca se permitía abrazarlo en esos momentos, y no porque no lo deseara, si no porque sabía que no debían crear un vínculo afectivo demasiado fuerte.

Lo miró caer dormido, casi de inmediato. Veló sus sueños, igual que cuando era pequeño. Lo había visto crecer, y siempre supo que sería un buen hombre. Pero sólo hasta su retorno, en la guerra de Hades, lo había visto realmente como a un hombre. Uno deseable. Uno que había querido y obtenido. Casi siempre obtenía lo que quería, casi.

Frustrado por sus propios pensamientos, salió de la cámara privada de su templo, hasta poder ver los costados del mismo; donde una delgada y no muy alta muralla de piedras lo separaba de las laderas allá abajo. Miró los otros templos, la mayoría estaban silenciosos y en penumbras. Casi todos sus caballeros estaban reunidos en el mismo, como camaradas, trataban de apoyarse unos a otros. Él había alejado a Mu de ahí, pues prefería consolarse sólo con él.

Siempre había estado ahí para él, le había enseñado todo lo que se le puede mostrar a un niño. Sabía que había hecho un buen trabajo y no se sentía culpable de estarlo utilizando para su placer personal. Mu sabía que no lo amaba. Sencillamente ambos querían al otro, ambos necesitaban alguien que acortara sus días y calentara sus noches.

En cierta forma, era justo, era lo que ambos querían y ambos estaban de acuerdo, aunque nunca hablaron de ello.

Quizá fue que todo había sido rápido. Tenía doce horas de vida e invirtió media de ellas para tirarse a su discípulo; después de 13 años de no verlo, esa fue la primera idea que cruzó su mente. Y Mu lo había aceptado, nunca supo si fue por lealtad, deber o por condescendencia a un hombre destinado a la muerte. Ninguno lo supo. Daba lo mismo.

Aún con la mente divagando, Shion pudo oír sus pasos desde lejos, ni siquiera tuvo que preguntarse quién era. Los ecos del ruido de esa armadura sobre el duro suelo de mármol eran perfectamente conocidos por él, aun después de tanto.

Sonrió un momento, al imaginarlo a la brillante luz del sol, aunque ahora era la luna la que se alzaba sobre sus cabezas.

Despejó su mente al sentir su cosmo agresivo. Tubo frío, su cuerpo aún estaba cubierto por una fina capa de sudor después de la pasión experimentada y el delgado manto de seda no era suficiente para el frío que golpeaba la noche.

-Hola Su Majestad.

Sonó la voz algo ronca del caballero de libra a su espalda.

-Caballero.

Correspondió de forma fría sin voltear a verlo. Le gustaba más recordarlo que ver cómo era ahora.

Dohko apretó los puños a su espalda, le fastidiaba esa presunción, no le gustaba que quisiera imponerle una deuda. Le desagradaba sentir que le debía algo.

-La última vez que nos vimos me trataste mejor.

Comentó con un tono ambivalente, que mostraba una gran recriminación, pero que al fondo escondía algo de esperanza.

Shion entonces se giró hacia él, con el semblante inexpresivo. Recordaba perfectamente cómo lo había encontrado. Mu y él ya habían terminado de vestirse y ponerse la armadura y el sapuri. Y Dohko no había sospechado nada.

-La última vez que te vi, creí que sería la última; un buen final para nosotros.

Habían peleado aquella vez, casi hasta matarse. Athena les sirvió de pretexto, pero sabían a la perfecciónt odo el dolor que se ocultaba detrás de cada golpe. Al llegar la hora final, se dieron una tregua y la idea de la muerte inminente de uno de ellos los había hecho fingir un perdón que en verdad deseaban ofrecer. Hubiera sido mejor terminar la historia ahí.

-No fue bueno en absoluto.

Rebatió Dohko acercándose a él. Se veía imponente con tanto oro encima. Mas Shion siguió mirándolo hacia abajo.

-Tampoco fue un final.

Sonrió de manera sarcástica, antes de darse la vuelta nuevamente y mirar la tierra hacia abajo, dándole la espalda. Por eso no quería volver...

Ambos eran demasiado orgullosos para dar el primer paso de arrepentimiento. Ambos eran demasiado obstinados para aceptar su parte de culpa y eran demasiado fuertes como para buscar una manera racional de solucionar las cosas.

Después de todo, habían terminado en esa situación, precisamente por ser como eran, ambos tan parecidos, pero tan lejos uno del otro.

La mente de Shion le indicaba que no había perdón posible y Dohko estaban demasiado frustrado como para considerar otras opciones. Atacó primero, de una forma sutil.

-Acabas de tirartelo no?

Shion sonrió ante la obvia muestra de celos. Una muestra de todo lo que se escondía ante el velo de la negación y que no tardaría demasiado en explotarles en el rostro.

-Por supuesto que sí.

-Tomas ventaja de lo mucho que te debe!

Proclamó violentamente, desesperado ante la calma y el completo descaro del otro.

-No hace falta. No necesito obligarlo a nada. Nunca he necesitado ese tipo de artimañas... a diferencia tuya.

Ahora fue Dohko quien se tensó, cuando Shion se giró de nuevo a verlo y se recargó sobre la muralla de piedra, permitiendo que la mayor parte de su pecho se mirara entre el manto semi abierto.

-No tienes derecho a hablar de eso.

Murmuró apenas, sabía que era culpable, pero no le daría la satisfacción de admitirlo.

-Soy el patriarca.- Recalcó con una sonrisa cínica y autosuficiente –Tengo derecho a todo. Aunque no había sospechado que te gustaran las niñas pequeñas.

Sus sonrisa se amplió, sabía dónde estaba golpeando. No demasiado fuerte, era más una defensa que un ataque.

-Sunrey no tiene nada que ver en esto.

Deseó retirarse, no estaba preparado para enfrentarlo, pero no tenía nada más que hacer. Respiró profundamente, manteniendo su dignidad tanto como era posible.

-Tu no decides eso.-

Shion escogió cada palabra con cuidado, buscando presionar un poco más –Me pregunto que habrá sentido... No debió ser muy agradable pasar tantos años con un enano decrépito y púrpura que se decía su protector para tocarla por las noches.

Dohko dió un par de pasos hacia él, rompiendo la distancia al perder el control. La culpa aún estaba sobre él, sabía lo que había hecho. Pero estaba casi completamente solo encerrado entre esas malditas montañas y su única compañía tenía la piel demasiado tierna! Qué más podía haber hecho?

-Tu no lo entenderías! No es comparable a todo lo que tú has hecho.

-Tienes razón- Aceptó Shion, encogiéndose de hombros, restándole toda importancia –Mu tenía veinte, ella trece. Él es un guerrero y ella era una campesina... Por supuesto que no es comparable.

Dohko le saltó encima, pero se detuvo antes de tocarlo, sólo arrinconándolo contra la piedra. Era su último intento de controlar sus instintos.

-Debiste quedarte muerto!

Le gritó a quemarropa. Shion sólo miró sus cejas, se negaba a ver directamente sus ojos, pero eso sólo hacía crecer la ilusión de mirarlo hacia abajo, de esa manera que Dohko tanto odiaba.

-Lo intente.

-Maestro, todo bien?

La voz preocupada de Mu interrumpió las palabras que habían estado a punto de expresarse. Estaba algo lejos, a la entrada del templo, con una sábana colgada de su cintura y su mirada centelleante que no perdía detalle de los movimientos de los otros dos. Los estimaba a ambos y justo por eso estaba en medio, en un vano intento de evitar que se lastimaran.

-Sí, Mu vuelve adentro.

Ordenó con voz calmada, no había cambiado su expresión. Y no porque no le afectara lo sucedido, sino porque ya lo esperaba. Empujó a Dohko hacia atrás, sin tocarlo siquiera.

-No deberías preocuparte demasiado caballero de libra, llegará el tiempo en que deba volver a la tierra.

Con toda la elegancia que tenía, aprendida en años de protocolos, siguió su camino, hacia sus habitaciones. Sin dirigirle ninguna otra palabra, mas alcanzó a escuchar a Dohko murmurar.

-Te juro que será pronto, mucho más de lo que crees.



FECHA El 23/12/07 a las 12:12:30 IP GUARDADA Buscar Mensajes Posteados Buscar Mensajes Posteados
Online sheyryd
Obsesionado Yaoi



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El 10/08/07 a las 10:08:44

Cielos si que esta gruesa la cosa, el chinito posiblemente se convierta en asesino y sobre lode Shunrei, eso se me hizo muy grueso, aunque no negare que llegue a pensarlo jejeje, pero sinceramnete Dohko se ve que es una persona de nobles sentimientos (en la serie).
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